Gabriel Zaid
Leer por gusto es algo que se contagia, como todos los gustos, viendo a los entusiastas sumergidos en un libro, o escuchando el relato de sus aventuras. Tradicionalmente en México, muy pocos adquirían ese gusto en casa. Para la mayoría, el foco de contagio era la escuela: sus maestros, compañeros y amigos. Así como no abundaban los médicos hijos de médicos, pocos grandes lectores eran hijos de grandes lectores, pero las aulas presagiaban que, en el futuro se multiplicarían.
Según datos proporcionados por el Gobierno Federal, los mexicanos de 12 años o más leen en promedio 2.9 libros al año, 45.7% comprados, 20.1% prestados por un amigo o familiar, 17.9% regalados, 10.2% prestados por una biblioteca y 1.2 fotocopiados
Un aspecto importante es que muestran claramente dichos datos que el interés ( o desinterés) de los padres en la lectura se reproduce en sus hijos. Habría que medir esto, no sólo en los hogares, sino en las escuelas.
Una encuesta centrada en el mundo escolar, seguramente mostraría que los maestros no leen, y que su falta de interés se reproduce en los alumnos, por lo cual multiplicar el gasto en las escuelas sirvió para multiplicar a los graduados que no leen.
Leer por gusto es algo que se contagia, como todos los gustos, viendo a los entusiastas sumergidos en un libro, o escuchando el relato de sus aventuras. Tradicionalmente en México, muy pocos adquirían ese gusto en casa. Para la mayoría, el foco de contagio era la escuela: sus maestros, compañeros y amigos. Así como no abundaban los médicos hijos de médicos, pocos grandes lectores eran hijos de grandes lectores, pero las aulas presagiaban que, en el futuro se multiplicarían.
Según datos proporcionados por el Gobierno Federal, los mexicanos de 12 años o más leen en promedio 2.9 libros al año, 45.7% comprados, 20.1% prestados por un amigo o familiar, 17.9% regalados, 10.2% prestados por una biblioteca y 1.2 fotocopiados
Un aspecto importante es que muestran claramente dichos datos que el interés ( o desinterés) de los padres en la lectura se reproduce en sus hijos. Habría que medir esto, no sólo en los hogares, sino en las escuelas.
Una encuesta centrada en el mundo escolar, seguramente mostraría que los maestros no leen, y que su falta de interés se reproduce en los alumnos, por lo cual multiplicar el gasto en las escuelas sirvió para multiplicar a los graduados que no leen.
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